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Cuentos de Navidad

En las fechas cercanas a la Navidad, casi todas las personas andamos ocupadas pensando en qué haremos este año. ¿Cómo, dónde y con quien se harán las comidas? Tendremos muchas compras que hacer y también necesitaremos guardar un poco de tiempo para compartir con amistades y familiares.
Con las migraciones conocemos otras formas de celebrar la navidad y vamos mezclando costumbres de diferentes países: comidas, adornos, actividades traídas de otras culturas. La globalización, nos permite consumir productos de todo el mundo y recibir regalos en fechas no tradicionales. Hace unas décadas se viajaba para reunirse con la familia  estar juntos los días más señalados, en los últimos tiempos, hay quién opta por viajar para salir de todas estas costumbres y disfrutar de otras.
Son fechas que han ido acumulando muchas tradiciones de todas partes, fundamentalmente de países con una cultura cristiana. Desde la sencilla comida, en la cual comer pollo, o pavo, era una ocasión excepcional,  a las mesas rebosantes de productos de lujo. De la Misa del Gallo como única diversión a los trajes elegantes y joyas aparentes.
Todo va evolucionando, todo, menos el espíritu navideño.
Los niños y niñas, alegres por estar de vacaciones, pueden disponer de tiempo para jugar, visitar mercadillos, espectáculos de imagen, música y sonido y, cómo no, repasar los catálogos juguetes.  Así son las navidades que recordarán los niños que mañana serán mayores.
Hoy, nos escriben cuentos en los que reflejan como sienten el Espíritu Navideño.

Invitados:
- Alberto Flaño, presidente de la Fundación Avanza
- Diego Rodríguez Toribio, coordinador de los recursos literarios de la Fundación.
- Sara Núñez Guijo, 1º de ESO en el Instituto Emilio Prados de Málaga.
"Yo tenía que ir a una competición, así es que fuí a la competición y volví el domingo. Cuando llegué lo quería hacer para enviarlo y entonces me puse en el ordenador y dejé que se me ocurriera."
- José Manuel Pérez, 1º de ESO en el Instituto Camoes de Ceuta, ha recibido dos premios como escritor, uno en su colegio y otro de la Fundación Avanza.
-"Leí un libro que se llamaba Cuento de Navidad de Charles Dickens que me gustó mucho y lo he sacado de ahí" 

1- El hombre que no tenía tiempo para la Navidad. José Manuel Pérez


Roberto salió tarde de trabajar, como era costumbre. Siempre estaba muy ocupado. Trabajaba como abogado en el prestigioso bufete Deimoss. Era la noche de Navidad. A él le daba igual esa noche porque pensaba que era una noche como otra cualquiera.
Estaba esperando un taxi cuando volvió a sonar el móvil. Tenía otra llamada perdida de su hermano. Siempre insistía que pasara con él, su mujer y sus hijos, la noche de Navidad. Pero desde que habían muerto sus padres Roberto se había distanciado bastante, siempre con la excusa del trabajo. Como el móvil volvió a sonar contestó al teléfono mientras cruzaba la calle. De repente, vio varias luces que se abalanzaban sobre él y todo se volvió negro.
Cuando despertó sucedió algo muy extraño. Estaba en su casa, con sus padres y su hermano. Era otra vez pequeño. Estaban poniendo el árbol de Navidad. Había olvidado lo bien que se lo pasaban mientras colocaban los adornos… De repente le entró mucho sueño.
Cuando despertó seguía en la casa de sus padres celebrando otra Navidad. Era un poco mayor. Estaban cenando en la mesa. También había olvidado lo bien que se lo pasaban cenando todos juntos en familia. Volvió a entrarle mucho sueño.
Cuando despertó estaba jugando con su hermano mientras su madre cocinaba preparando la cena de otra Navidad. También había olvidado lo bien que olían las galletas y los roscos que su madre hacía cada Navidad. De nuevo entró en un sueño profundo.
Cuando despertó estaba en el hospital. El médico le explicó que había tenido mucha suerte ya que el coche solo le había rozado y que solo sufría una contusión leve así que le daría el alta en unas horas.
Roberto recordaba el sueño que había tenido. Mientras miraba por la ventana del hospital desde su cama veía las luces de Navidad. Entonces comprendió que esa noche no era una noche más y que había estado ciego durante mucho tiempo. Lo importante de la Navidad era compartir ese tiempo con la familia, así que decidió hacer algo al respecto.
Cuando salió del hospital lo primero que hizo fue comprar flores y visitar la tumba de sus padres. Colocó cuidadosamente las flores y dijo a sus padres que ya lo había comprendido y que le perdonasen por estar ciego tanto tiempo. Luego fue a una juguetería y compró juguetes para sus sobrinos. Le pidió a la dependienta que los envolviese con cuidado y que pusiese: ‘’De parte de Papá Noel’’. También visitó varias tiendas comprando regalos para su hermano y su cuñada.
Fue a su casa y se arregló. A la hora que le había dicho su hermano que empezarían a cenar apareció por su casa con todos los regalos. Su hermano abrió la puerta muy sorprendido. Era la primera vez que aceptaba su invitación.
Roberto le abrazó y le dijo que ya lo entendía todo. Y sin más explicaciones, celebraron la Navidad todos juntos, la primera de muchas que estarían por venir. 

FIN

A.F. - "En mi casa el Belén era mío y el árbol de mi hermano.
yo  nací en La Rioja, y allí se podía salir al campo a buscar musgo y eso lo hacía yo porque era el que ponía el belén, y me encantaba. Poner el belén siempre me hizo mucha ilusión, independientemente a lo que lo asociemos como la religión. el hecho es que era navidad, algo que compartes con la familia y para mí era muy interesante. Y cuando vine al sur, aprendí que aquí en vez de musgo se pone corcho y entonces busqué corcho". 
"Las comidas se han complicado muchísimo. A mi siempre me han gustado los dulces y mis dulces favoritos eran los polvorones, yo me hartaba de polvorones y ya está.  Ahora no se comen polvorones porque tienen mucha azúcar, y las bandejas traen muchas cosas que no se come nadie".
D. R. - "Yo soy de padre ferroviario, entonces nosotros íbamos a donde iba mi padre y adonde iba mi padre era donde no había familia. Eran muchas cenas familiares pero solamente con la familia más cercana.
Antes era una navidad más íntima, mas de casa, más familiar. Ahora es más gente, la hacemos con muchísima más gente y es diferente. Yo estoy viviendo últimamente una etapa muy bonita en la que al final acabamos con juegos nos reímos un montón y se pasa muy bien".


2- El espíritu navideño. 
    Carmen Núñez


En el taller de Papá Noel se oían gritos por todos lados.
En la sala de estar, los Reyes Magos, Papá Noel y tres duendes encargados de la creación de regalos discutían fuertemente:
-¡No puede ser! ¡Es imposible!- decía Baltasar.
-¿Cómo se puede gastar el espíritu navideño? ¿Acaso a nadie le importa ya la navidad?- dijo asombrado Melchor.
No solían reunirse por estas fechas, ya que todos estaban ocupados envolviendo y empaquetando regalos para los niños. Pero había un problema bien gordo y tenían que solucionarlo entre todos. Sin el espíritu navideño, los renos, los camellos y todo transporte mágico no funcionaban. Sin duda, esa sería la peor Navidad de todos los tiempos.
Uno de los tres duendes, el que tenía más pinta de sabio (con barba y gafas) exclamó:
-¿Queréis ir a echar un vistazo a los renos? Mamá Noela está con ellos. Ya veréis, están muy débiles y no podrán volar.
Y así, todos salieron del taller para dirigirse al establo. En efecto, Mamá Noela estaba dándole una sopa a Rudolf.
–Su nariz dejó de brillar hace dos días…- susurró con un tono preocupado. Mamá Noela dejó la sopa a un lado y sacó el T.M.C.E.N. (Termómetro Mágico Contra Enfermedades Navideñas) del bolsillo y se lo puso a Rudolf en la boca. Esperó unos segundos y lo volvió a coger. Hizo un gesto para que los Reyes Magos y Papá Noel se acercaran y, con un gesto de preocupación, dijo:
-Ayer Rudolf era el único que se movía, que andaba y que pastaba por si solo, pero hoy duerme la mayor parte del día, como todos. Me temo que no estarán bien para Nochebuena.
- Papá Noel sacudió la cabeza y señaló a los Reyes Magos que volvieran a la sala de estar. -Como habéis visto, la falta de espíritu navideño ya ha afectado al Polo Norte y no tardará en llegar a Oriente. Lo mejor sería cancelar la navidad este año.- suspiró Papá Noel.
-Pero, ¿Cómo se ha podido agotar el espíritu navideño?- preguntó Gaspar, aún incrédulo.
–Supongo que os niños ya no creen en la Navidad. ¡Todos los años trabajando como unos locos para que ellos tengan sus regalos y ahora nos lo agradecen así!- gritó enfadado Melchor.
-No lo entiendo, el año pasado todos creían en la Navidad y se acostaban con ese brillo de esperanza en los ojos… ¿Qué ha podido pasar este año?- preguntó Papá Noel.
–No lo sé, pero hay que solucionarlo. ¿Cómo hacemos que los niños vuelvan a creer en la Navidad? Si al menos pudiéramos viajar a ver a los no-mágicos…
 Ninguno de ellos podía. Según el R.C.M.N. (Reglamento de Criaturas Mágicas Navideñas) ninguna de estas criaturas podrá dejarse ver si no quieren perder toda su magia.
-Podríamos traerlos de visita a ver nuestro taller.- Propuso Gaspar.
–Pero perderíamos toda la magia.- Respondió Melchor.
-Quizá podríais mandar cartas- propuso Mamá Noela, que en ese instante llegó cargada de galletas.
-¡Eso es estupendo! ¡No nos podrían ver, pero sería una forma de hacerles comprender que nosotros existimos, que la navidad existe y de recuperar el espíritu navideño!- dijo Papá Noel saltando del sillón.
Besó a su esposa y empezó a ponerse el abrigo. -¡Vamos! ¡Hay que escribir un montón de cartas en estas dos semanas!- En la fábrica de juguetes de Papá Noel, cientos de duendes miraban expectantes a los tres Reyes Magos y a Papá Noel.
-Como ya sabéis, el espíritu navideño se está perdiendo poco a poco. Tenemos que hacer algo para arreglarlo, y hemos decidido escribir cartas a los niños para que recuperen el espíritu navideño. Podríamos explicarles lo que ha sucedido, y, si vuelven a creer a tiempo, ¡podríamos salvar la navidad! Necesito que dejéis de fabricar regalos y empecéis a escribir cartas; al fin y al cabo, llevamos todo el año trabajando y creo que habrá regalos para todos. En Oriente los Reyes Magos seguirán escribiendo cartas y creo que habrá suficientes en las dos semanas que nos quedan.- Todos los duendes aplaudieron. Y así, salió la primera carta, y la segunda, y la tercera…
“Queridos niños y niñas de la Tierra: Somos Papá Noel y los Reyes Magos. Estas Navidades ha habido un pequeño problema con el espíritu navideño: estáis dejando de creer. Sin el espíritu, los renos, el trineo y los camellos dejan de funcionar correctamente y no podremos entregar los regalos. Escribimos esta carta para pediros que sigáis disfrutando de la navidad como el año pasado. MELCHOR, GASPAR, BALTASAR PAPÁ NOEL.
A la semana siguiente, las cartas ya estaban listas. Las juntaron todas en varios sacos y se prepararon para enviarlas cuando… ¡No podían enviarlas! Los renos estaban enfermos, el trineo no funcionaba y los camellos habían empezado a sentirse mal. Todos estaban destrozados: ¿Cómo podía haber sucedido eso? Todo parecía tan perfecto… En la fábrica todos estaban desolados. Papá Noel, pensando que ese sería el fin de aquellas Navidades, anunció a todos sus empleados:
-Chicos, podéis iros a casa. Gracias por todo vuestro tiempo y dedicación, pero me temo que estas Navidades están perdidas.
 Los duendes cogieron sus abrigos y salieron por la puerta. Recogieron sus tablas voladoras en el patio y… ¡Eso es! ¡Las tablas voladoras! Podrían desplazarse por el cielo y lanzar las cartas. Contó la idea a los duendes y todos estuvieron dispuestos a ayudar. Cedieron sus tablas y las unieron para crear una especie de plataforma voladora donde cabían Papá Noel, los Reyes Magos, cinco duendes (irían para ayudar) y todos los sacos de cartas.
 Esa misma noche, Papá Noel y los Reyes Magos se reunieron en el taller. –Esta es nuestra oportunidad, muchachos. Si fallamos, no habrá regalos esta navidad.
 Se pusieron los abrigos y subieron a la plataforma, donde los duendes habían acomodado 4 sillones grandes y 5 pequeñitos. Al lado de cada sillón había un saco. Mamá Noela les dio galletas y partieron. Pasaron por Groenlandia, después por América del Norte, América del sur, África, Europa, Asia y Oceanía. Iban tirando cartas por encima de las ciudades y caían como copos de nieve. Al terminar Australia, volvieron al taller. ¡Había sido un exitazo! Al día siguiente, en la fábrica de juguetes de Papá Noel, los duendes estaban trabajando tranquilamente cuando una noticia salió en la televisión:
-Anoche cayeron más de diez millones de cartas en todo el mundo. Cayeron del cielo como copos de nieve e invadieron la ciudad. En el sobre ponía: “Para los niños de la Tierra”, así que cada uno cogió una carta. Al parecer venían del polo Norte y eran de Papá Noel. Nos pide que volvamos a creer en la navidad. Nosotros lo haremos, ¿Y ustedes?- dijo el reportero.

Los duendes aplaudieron y celebraron que todo había salido bien. No tardó en correrse la noticia y los renos empezaron a ponerse mejor, tal y como los camellos. -¿Listo?- preguntó Melchor. -Listo- contestó Papá Noel.
Se pusieron los abrigos y, con un tintineo de cascabel, los renos despegaron del polo norte. Sin duda sería una Navidad mágica.
                                                    FIN

Los cuentos lo hemos narrado entre Alberto Flaño, Diego Rodríguez y yo y han estado acompañados con la música de piano de dos grandes artistas:
1. Noel Rodelá compuesta por él mismo, llamada Maestro Coco
2. Carmen: Fantasía in pronto de Chopin

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